Por fin llegamos al instituto que
bullía de chicas encantadas de verse otra vez, de chicos comentando
partidos que pasaron durante el verano y lo típico de un primer día
de curso. Sofía, Sara y yo nos dirigimos hacia donde nos esperaba
Helena, quien nos comentó que ya sabía como se llamaban las dos
personas que venían nuevas a nuestra clase. El chico se llama Ian y
la chica Marta. Con ellos dos somos 26 en la clase y...8 chicas. La
verdad es que el número de chicos en nuestra clase siempre fue
mayor, pero no es un problema para nosotras excepto por el echo de
que algunos son estúpidos. No sabía si nos iban a poner a todos en
la misma clase, pero según me explico mi madre, mantenían las
clases como en sexto al entrar en primero luego las cambiaban en los
cursos siguientes. Sin querer nos entretuvimos un poco en la entrada,
pero no llegamos tarde...bueno solo para coger un buen sitio en
clase.
La clase estaba dividida en tres columnas de mesas en las
que en cada una hay cuatro grupos de dos mesas, menos en la última
columna que hay un grupo de dos mesas más. Todos los sitios ya
estaban cogidos menos los que quedaban en la columna al lado de la
puerta. Las últimas cuatro mesas de esa columna estaban ocupadas por
Daniel y su pandilla, por lo que le pedí a Sara y a Sofía que se
sentaran en las dos mesas que quedaban delante de ellos y Helena y yo
nos sentamos delante de todo. Fui mirando a ver si identificaba a los
nuevos, pero sólo vi a Marta. Es una chica bastante guapita, rubia,
morena de piel y ojos verdes. Ian llegó justo cuando nuestra tutora,
que se llama María iba a cerrar la puerta. Creo que todas la chicas
se quedaron con la boca abierta, porque la verdad es que es muy guapo
y por un momento pensé: espero que al fin tengamos en clase a un
chico guapo y listo; pero lo descarté ¿por qué? Porque tuve la
corazonada de que iba a ser el típico chico engreído como Daniel,
aunque eso ya lo veremos.
Cuando nuestra tutora se presentó, tuvimos que hacer lo
normal en un primer día de curso: presentarnos. Así que fuimos uno
por uno diciendo como nos llamamos, lo que nos gusta hacer y la
asignatura que más nos gusta o que más nos va a gustar. Me fijé
sobretodo en los nuevos porque a los demás ya los conozco de sobra
para saber que les gusta. Marta que se sentó al lado de Lucía, una
chica del grupillo de las Rosas como le llamo yo formado por Lucía,
Natalia, Alicia y supongo que ahora Marta. Dijo que le gusta pintarse
las uñas y que plástica era la asignatura que más le gusta. Ian en
cambio dijo que le gusta jugar al Call of Duty, yo tengo un hermano
tres años mayor que yo y entiendo de que van esas cosas, a mí
también me gustan, y asignatura favorita Educación Física, como la
mayoría de los chicos. Yo en cambio dije que me encanta leer y que
creo que Naturales va a ser la asignatura que más me guste. Después
de las presentaciones la tutora nos explicó como funcionaba todo:
las normas, los diferentes espacios...
Cuando por fin llegó la hora del recreo, Sara, Sofía, Helena y
yo nos juntamos y nos pusimos a hablar sobre como creíamos que iba a
ser este año en el instituto, cuando se nos acercan Daniel y su
pandilla. Se le ha metido en la cabeza lo de seguir molestándome, no
lo aguanto. Pero lo que me dijo me dejó al principio un poco
confusa, pero me aclaré la cabeza en un segundo:
-¿Otra vez con un libro?
-Pues sí, ayuda mucho a mejorar la inteligencia. -le respondí.
-A mi me gustan la chicas listas, como tu-eso fue lo que me
desconcertó, pero no me dejé engañar, sabía que era una broma.
-Pues lo siento mucho, pero a mí no me gustan los chicos
engreídos y tontos como tú.
-Eso me ofende, Alex.
-Pues no se porque. A llevas molestándome y metiéndote conmigo
desde quinto.
Dije eso y me fui, no quería hablar con él. Me sentí muy a
gusto al dejarle las cosas un poco más claras. Las chicas y yo nos
sentamos en un banco en el recreo con lo chicos que nos caen bien.
Estuvimos hablando sobre la fiesta que celebramos entre todos en el
veranos. Con eso el recreo se me pasó volando y volvimos a clase.
En las tres hora siguientes, siguieron siendo presentaciones sobre
las asignaturas y reparto de material. Lo de siempre. A las dos sonó
el timbre. Así que recogí mis cosas y me despedí de Helena. Le
dije que ya la llamaría para quedar esta tarde y me fui con Sara y
Sofía al bus.
Menos mal que tenía a mis amigas porque viajar en bus,
por corto que sea el trayecto, con el imbécil de Daniel es
IN-SO-POR-TA-BLE. Me deprimí otra vez pensando que tendría que
verlo a narices todos los días en la parada, ¿no es suficiente con
aguantarlo ya en el colegio?
Tuve suerte, hoy al parecer no quiso molestarme en la vuelta a
casa y lo agradecí un montón. Al llegar a la parada, invité a
Sofía a merendar a mi casa.
-¡Eh! ¿y a mi no me invitas? -¡coño! Pensé. Ya tardaba.
-Pues resulta que NO.
-¿Por qué?
-No me da la gana de que entres en mi casa, Daniel. Además, ya
tengo bastante con verte en el cole.
-Sinceramente, no se porque sigues enfadada conmigo desde aquello.
-Muy sencillo, ya estoy harta de tus bromitas. Sean graciosas o
no.
-Esta bien... Hasta mañana. - y se fue. No me lo pude creer.
Daniel acababa de darme de algún modo la razón porque no quería
discutir conmigo ¡increíble!
***
En casa con Sofía, llamé a Helena y a Sara para quedar en un
parque cerca de nuestras casas. Prácticamente vamos siempre, excepto
cuando quedamos en casa de alguna de nosotras.
El resto de la tarde, estuvimos hablando de nuestro cambio al
instituto y de los nuevos de la clase. Todas coincidíamos en que
Marta se incorporaría rápido al grupo de las Rosas, pero
intentaremos hablar con ella, porque puede ser maja a diferencia de
las otras. Y luego de Ian, el nuevo chico guapo. Helena ya le echó
en ojo. Ella es la típica niña guapa que de pequeña tuvo mogollón
de “novios”, pero claro, ahora todos ya somos más mayores y no
es lo mismo. Yo no participé mucho en esa conversación, ya que
estaba pensando si Ian se iría a la pandilla de Daniel o si sería
como él. Espero que no. Lo último que necesito y necesitamos es a
otro como él.


