sábado, 13 de abril de 2013

Relatos de una Adolescente Enamorada/ Capítulo 1 (Parte 1)

 17 de Septiembre:

   Nunca había tenido un primer día de curso tan bueno ni tan malo al mismo tiempo durante toda mi vida. Siempre los tuve o muy bueno o muy malos.

    Estaba yendo a la parada de autobús cuando me fijo que en ella ya había gente. Estaba una amiga mía que vive cerca de mi casa, otros dos chicos que no conocía y...él.

    Siempre he tenido que coger el bus para ir al colegio y desde hace 4 años esta Sofía conmigo, una amiga, pero esta es la primera vez que veo a Daniel González por aquí. Espero que haya perdido el bus y esta sea la parada más cercana a la suya para cogerlo.
 
   Bueno os voy a contar porque odio tanto a ese chico. En quinto de primaria me gustaba y la verdad es que ahora que lo pienso me dan ganas de vomitar, es asqueroso. Sí, me gustaba; además tenía los tipos de rasgos físico que una chica casi siempre busca: es rubio, alto, guapo y de ojos azules, pero tenía un gran, un grandísimo defecto: es muy estúpido. Lo que se dice un gran estúpido. Lo más estúpido que verás en toda tu vida. Lo que pasó fue que en un acto de confianza hacia una que pensaba que era mi amiga (también la odio) le dije que me gustaba Daniel y dos días más tarde él se me acerca y me dice: “¿como te va Alex? me ha contado un pajarito que te gusto, ¿eh?” me morí de la vergüenza y lo peor es que iba con su grupito de amigos y alguien entre ellos dijo: “mira ya se está poniendo colorada”. Yo obviamente desmentí aquello. Me gustaba pero no quería que él lo supiera. Desde entonces, siempre me ha tomado el pelo y poniéndome caritas. Si pudiera, me encantaría pegarle un buen puñetazo y desfigurarle la bonita cara que tiene. Se que podía ser peor, pero yo con eso lo paso muy mal. Lo pasé muy mal. Dejo de gustarme al poco tiempo, normal, ¿no? 

    Por eso pensé que me moría allí mismo. Cuando estaba cerca de la parada, llamé a Sofía con un gesto para que se acercara y de que no llamara la atención, no me apetecía que Daniel me viese (aunque sabía que sería inevitable). Le pregunté que hacia él aquí y me respondió que se acababa de mudar a la urbanización que estaba al lado de la nuestra. Se me cayó el alma a los pies. Era una pesadillas. Le dije a Sofia que se quedara conmigo a esperar el bus en ese lado fuera de la parada, para que él no me viera, pero no funcionó porque al poco rato escuché: 
   -Sofía, ¿donde estás? 
   Mierda, pensé.
   -No le digas donde estás, no quiero verlo. He pasado dos horrible años por su culpa y no quiero que me estropee más este día que se supone que tiene que ser un poquito especial -le dije al oído. Pero de repente veo que una cara se asoma desde el interior de la parada.
   -Aquí estás, no sabía donde te habías metido -hizo una pausa y por desgracia se dio cuenta de mi presencia-. Pero bueno, mira a quien tenemos aquí. No sabía que vivías por aquí.
   -Pues si, vivo por aquí. Aunque ahora preferiría vivir en otra parte, lejos de ti.-contesté, un poco borde. 
   -Bueno, mejor que no sea así. Ahora ya no me aburriré tanto esperando a el maldito trasto que me tiene que llevar a ese infierno de clases y profesores.-me dice. Lo peor de todo es que me lo dijo, mirándome de pies a cabeza, como una especie de repaso. Que asco. Y luego de repasarme con la mirada, como si ya no se acordara de como soy, sonrió. Si, sonrió, pero de una forma muy...como decirlo, como si algo lo satisficiese, que me dio más arcadas. 

    Yo obviamente me limité a hablar con Sofía y él pareció pillar la indirecta porque no se metió en la conversación, pero no me sacó el ojo de encima. Se me hizo una eternidad hasta que llegó el autobús. Nos subimos a él y saludamos al nuevo conductor y nos sentamos en los asientos situados más o menos en la mitad de el bus. Daniel se sentó al fondo de todo. Menos mal. 

   A medida que nos acercábamos al instituto más gente se reunía con Daniel atrás y me daba la sensación de que de vez en cuando miraban hacia nuestra dirección. Llegó Sara, otra amiga mía, y nos preguntó porque los chicos de atrás nos estaban mirando con tanta atención. Yo me debí de quedar con una cara de: ¡pero que dices! Sabía que nos echaban miradas de vez en cuando, pero pensé que era porque se estaban riendo de nosotras. De modo que Sofía y yo extrañadas miramos para atrás y nos encontramos a un grupo de ocho chicos mirándonos, sonriéndonos y saludándonos. Yo me volví rápidamente, prefería no saber que estaba pasando.

 (El capítulo continúa, pero creo que lo hice un poco largo, ya sabéis hay mucho que contar de los primeros días de curso; por lo que lo he dividido en partes, seguramente sean dos, ya veremos...)

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