Nunca había tenido un primer día de curso tan bueno ni tan malo
al mismo tiempo durante toda mi vida. Siempre los tuve o muy bueno o
muy malos.
Estaba yendo a la parada de autobús cuando me fijo que en ella ya
había gente. Estaba una amiga mía que vive cerca de mi casa, otros
dos chicos que no conocía y...él.
Siempre he tenido que coger el bus para ir al colegio y desde hace
4 años esta Sofía conmigo, una amiga, pero esta es la primera vez
que veo a Daniel González por aquí. Espero que haya perdido el bus
y esta sea la parada más cercana a la suya para cogerlo.
Bueno os voy a contar porque odio tanto a ese chico. En quinto de
primaria me gustaba y la verdad es que ahora que lo pienso me dan
ganas de vomitar, es asqueroso. Sí, me gustaba; además tenía los
tipos de rasgos físico que una chica casi siempre busca: es rubio,
alto, guapo y de ojos azules, pero tenía un gran, un grandísimo
defecto: es muy estúpido. Lo que se dice un gran estúpido. Lo más
estúpido que verás en toda tu vida. Lo que pasó fue que en un acto
de confianza hacia una que pensaba que era mi amiga (también la
odio) le dije que me gustaba Daniel y dos días más tarde él se me
acerca y me dice: “¿como te va Alex? me ha contado un pajarito que
te gusto, ¿eh?” me morí de la vergüenza y lo peor es que iba con
su grupito de amigos y alguien entre ellos dijo: “mira ya se está
poniendo colorada”. Yo obviamente desmentí aquello. Me gustaba
pero no quería que él lo supiera. Desde entonces, siempre me ha
tomado el pelo y poniéndome caritas. Si pudiera, me encantaría
pegarle un buen puñetazo y desfigurarle la bonita cara que tiene. Se
que podía ser peor, pero yo con eso lo paso muy mal. Lo pasé muy
mal. Dejo de gustarme al poco tiempo, normal, ¿no?
Por eso pensé que me moría allí mismo. Cuando estaba cerca de
la parada, llamé a Sofía con un gesto para que se acercara y de que
no llamara la atención, no me apetecía que Daniel me viese (aunque
sabía que sería inevitable). Le pregunté que hacia él aquí y me
respondió que se acababa de mudar a la urbanización que estaba al
lado de la nuestra. Se me cayó el alma a los pies. Era una
pesadillas. Le dije a Sofia que se quedara conmigo a esperar el bus
en ese lado fuera de la parada, para que él no me viera, pero no
funcionó porque al poco rato escuché:
-Sofía, ¿donde estás?
Mierda, pensé.
-No le digas donde estás, no quiero verlo. He pasado dos horrible
años por su culpa y no quiero que me estropee más este día que se
supone que tiene que ser un poquito especial -le dije al oído. Pero
de repente veo que una cara se asoma desde el interior de la parada.
-Aquí estás, no sabía donde te habías metido -hizo una pausa y
por desgracia se dio cuenta de mi presencia-. Pero bueno, mira a
quien tenemos aquí. No sabía que vivías por aquí.
-Pues si, vivo por aquí. Aunque ahora preferiría vivir en otra
parte, lejos de ti.-contesté, un poco borde.
-Bueno, mejor que no sea así. Ahora ya no me aburriré tanto
esperando a el maldito trasto que me tiene que llevar a ese infierno
de clases y profesores.-me dice. Lo peor de todo es que me lo dijo,
mirándome de pies a cabeza, como una especie de repaso. Que asco. Y
luego de repasarme con la mirada, como si ya no se acordara de como
soy, sonrió. Si, sonrió, pero de una forma muy...como decirlo, como
si algo lo satisficiese, que me dio más arcadas.
Yo obviamente me limité a hablar con Sofía y él pareció pillar
la indirecta porque no se metió en la conversación, pero no me sacó
el ojo de encima. Se me hizo una eternidad hasta que llegó el
autobús. Nos subimos a él y saludamos al nuevo conductor y nos
sentamos en los asientos situados más o menos en la mitad de el bus.
Daniel se sentó al fondo de todo. Menos mal.
A medida que nos acercábamos al instituto más gente se reunía
con Daniel atrás y me daba la sensación de que de vez en cuando
miraban hacia nuestra dirección. Llegó Sara, otra amiga mía, y nos
preguntó porque los chicos de atrás nos estaban mirando con tanta
atención. Yo me debí de quedar con una cara de: ¡pero que dices!
Sabía que nos echaban miradas de vez en cuando, pero pensé que era
porque se estaban riendo de nosotras. De modo que Sofía y yo
extrañadas miramos para atrás y nos encontramos a un grupo de ocho
chicos mirándonos, sonriéndonos y saludándonos. Yo me volví
rápidamente, prefería no saber que estaba pasando.
(El capítulo continúa, pero creo que lo hice un poco largo, ya sabéis hay mucho que contar de los primeros días de curso; por lo que lo he dividido en partes, seguramente sean dos, ya veremos...)

Me encanta...deseo saber como sigue. Esperaré:)
ResponderEliminarGracias. Pronto estará la siguiente parte :3
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