sábado, 9 de febrero de 2013

¿El Futuro?

Escrito por: John Fitzerald Wridekantovich,  antiguo periodista freelance, trompetista y mercenario.

(Comienzo de la grabación AZ 2- 22-45).///

   Yo, como mierda … . Sí, sí, como mierda. Soy un comedor de mierda. Dejad que me explique; porque sé lo que estáis pensando: pero no, no estoy loco. Debéis recordar. Recordad. Aquí, ahora, en el año 2245 tras el holocausto que asoló nuestro mundo, vuestro mundo, ¡ya no queda comida!. La humanidad, abandonada a su loca carrera de exterminio, ha arrasado con todo. Ni ciudades, ni campos, ni valles ni montañas, ni esmeráldicas playas paradisíacas, se lo ha cargado todo. El embrutecimiento y la crueldad más irracional ha diezmado la población de hombres y mujeres, de animales y plantas, y ya casi no queda nada. Vivo, como algunos ya sabéis, en el distrito noroeste de Straintonsforshire, cerca de donde antaño se ubicaba el centro más comercial de la ciudad con su emblemático “Corel Paradise”, epicentro y encrucijada cultural donde lo mismo dabas con el friki más slow que con la más atrevida trendy. A lo mejor muchos de vosotros lo ubicáis más fácilmente si os digo que a pocas manzanas se situaba la central hidro-eólica que se hizo famosa por el atentado terrorista del 2020 y que acabó de un plumazo con la vida de doscientas mil incrédulas almas. Pues aquí, entre las ruinas de lo que fue el paradigma de la imaginación humana llevada al límite, me he especializado. Todos hemos tenido que hacerlo. Especialízate o muere. No hay más remedio. Porque ¡no-hay-co-mi-da!. No al menos como la que tradicionalmente existía antes de la barbarie. Quiero decir: hamburguesas o pasta italiana, huevos fritos, sushi o sopas instantáneas o latas de conserva. Todo eso que se veía en las antiguas películas planas. No hay comida, es cierto, pero tampoco somos muchos los que la necesitamos. Porque la mayor parte ha muerto. Y los que quedamos nos hemos tenido que buscar la vida. Unos salen reptando de las cloacas al filo de los primeros rayos de luz, son los vegetarianos. Extienden afanosamente las palmas de sus manos, lentamente, ritualmente casi, hacia el sol incipiente, para que su pequeño ofúnculo despliegue con parsimonia sus diminutas hojas verdes, e inicien una fotosíntesis de horas que apenas les dará fuerzas para volver a la seguridad de sus catacumbas. Otros, los recicladores, vagarán incansablemente entre las ruinas mil veces escudriñadas, para encontrar hostiles deshechos metálicos que echarse al estómago y sufrir luego el tormento de una digestión en la que horripilantes contracciones tratarán de reducir a añicos las ásperas aristas de vigas, clavos oxidados y tuercas deformadas por el tiempo. Hay muchos más: los terranos, los gasificadores, los cinéticos … . Yo, por el contrario, como mierda. De todo tipo. No sé exactamente cómo empecé con esto. Quizás sea un recuerdo inconscientemente bloqueado (¿Freud se llamaba?), aunque vagamente me viene a la memoria una imagen de vómito y una leprosa moribunda. Creo que fue así como empecé a sobrevivir. Luego vinieron las ratas muertas con gusanos, los huevos podridos, las charcas pestilentes con cadáveres hinchados grotescamente por los gases de la descomposición, en fin, en una palabra: mierda. Todo aquello que huela mal y que a los otros humanos provoque náusea me vale. Será mi comida porque yo, como mierda.

   Mientras hago esta grabación me encuentro vagando por las calles. Hace algo así como tres días que no me echo nada al cuerpo, y tengo hambre. Me comería lo que fuese, aunque oliese bien. Pero cada vez es más difícil encontrar comida. Decido, por tanto, dirigir mis pasos a la calle Falstog. Allí siempre suele haber. Es casi de noche y sólo veo algunas siluetas a lo lejos, moviéndose cansinamente. El aire está extrañamente limpio, puro, y tengo un mal presentimiento. No sé por qué.

   La calle Falstog fue muy famosa antes de la hecatombe. Se construyó en las primeras décadas del siglo pasado y la intención era que aglutinara en una zona relativamente pequeña, todos los talleres chinos de fabricación de chips no reutilizables. Así que, de una calle bastante larga, salían decenas de callejones estrechos donde se ubicarían los extensos sótanos subterráneos que acallarían el ruido infernal de las máquinas chipeadoras. Pero la jugada salió mal. Las mafias se fueron haciendo inexorablemente con todos los inmuebles. Y en vez de un centro de alta tecnología, la calle Falstog pasó a ser la capital de todo tipo de negocio sucio. Los polis la llamaban “el agujero negro”. Por su extremadamente prolija disposición y por lo difícil que era mover coordinadamente efectivos del orden público en medio de todo aquel caos, coche patrulla que entraba, coche patrulla que nunca jamás salía.

   Ya he llegado. Silencio. Ante mí, la calle Principal. Es casi recta. Veo los innumerables callejones que nacen de ella como patitas de un ciempiés. Es hora de empezar. Debo ser sistemático y explorar una tras otra todas las ramificaciones. Y si realmente quiero tener éxito ¿? ¡Joder! ¡Qué susto! … Perdón, Señor.
[…] ¡Dios! Dejad que recupere el resuello. Qué susto me acaba de pegar ese tío. Me di de bruces con él justo cuando iba a entrar en el primer callejón. Que tipo más raro. Enjuto y ágil. Me dedicó una fugaz mirada de gato asesino. ¿Qué andaría haciendo por aquí?. No parecía un tecnológico, además por aquí hace tiempo que ya no hay cables. Espera, espera, espera… Huelo algo. Sí, ¡ Síí! . ¡Comida fresca!. Oh, cielos, hacía tiempo que no presenciaba esta maravilla. Un tremendo cagallón recién salido del intestino. No sé a que clase alimenticia pertenecía ese tipejo, pero a buen seguro que está bien cebado. No os quiero hacer la boca agua, pero con el hambre que tengo ¡qué textura! ¡qué cremosidad! ¡qué sabor!.


   […] No me gusta la sensación de boca seca que estoy teniendo. ¿Qué pasa?. Debería estar satisfecho, he comido bien. ¿Por qué siento un nudo en la garganta? ¿Por qué no puedo tragar?. Puta manera de torcerse una noche que prometía. Creo que no me sienta bien comer tan deprisa. Pero esto no es normal. Las piernas no me sostienen. Me tengo que sentar. Y sudo. Sudo frío. Siento … , siento que las fuerzas me abandonan. Ahora lo veo claro. Ya lo sé. Esta va a ser la grabación final. En ella, un último pensamiento: Hasta la mierda está envenenada.

(Fin de la grabación AZ 2- 22-45).///

Le pregunté a Wridekantovich si esta grabación tenía algún significado oculto, a mi me parece que sí; pero el solo me escribió: pronto lo sabrás. También le pregunté como una grabación del futuro pudo llegar hasta el pasado. Tampoco me escribió...
Sigo en el misterio. No me devuelve los e-mails, pero a lo mejor si vosotros tenéis alguna pregunta, yo se la puedo pasar y puede que las vuestras si las conteste. No es una grabación muy bonita, pero yo creo que tiene que significar algo. ¿El que? no lo se...

Para dejar una pregunta en los comentarios. Gracias.

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